Que me dieron ayer. Estaba caminando de lo más campante caminando por Diagonal cuando de repente me dio una chiripiolca jodida: unos escalofríos que casi me tumban en medio de la vía pública. Y me la pasé toda la noche con los malditos escalofríos, que me venían por olas y me hacían sentir el temblor del amor. Pero no era amor sino una maldita bacteria. Me explico: una bacteria que se me metió al estómago y de ahí terminó en el torrente sanguíneo. ¿Producto de qué? De que al haber pasado dos años sin venir, mi fauna y mi flora han cambiado y mis entrañitas se andan readaptando a nuestra riquísima biodiversidad...
Hoy en la noche, Carlos Germán Belli presentó una reunión de su poesía escrita entre 1970 y 1982. Fue en el Museo de Arqueología, Antropología e Historia, a cinco cuadras de mi casa. Fue bonito, porque era merecido, y porque todos los que hablaron lo hicieron con cariño. Y luego Belli agradeció emocionado, y después leyó tres poemas que tiene inéditos: uno en homenaje a Javier Sologuren, otro sobre su (poca) relación con la música, y el último sobre el amor físico. Fue alucinante escucharlo salmodiar sus textos como los viejos poetas hacen tan hermosamente (y algunos jóvenes tan tan mal). Eso también me dio escalofríos, pero buenos.
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