Sunday, April 30, 2006

Oso malo

Yo ya no tengo que llevar más cursos aquí en la universidad, porque estoy escribiendo la tesis. Pero Vincenzo Binetti, un profesor de la sección de Italiano en el Departamento ("Romance Languages and Literatures") iba a dar un curso sobre literatura y política en Italia durante los 60 y los 70. Nada más enterarme, le dije que quería asistir como oyente. Me dijo "pero si vas a venir a las clases, a leer todo, finalmente a hacer el trabajo de un alumno regular, ¿por qué no te matriculas, escribes un trabajo al final del semestre y te ganas tres créditos?" Sonó tan fácil que acepté, terminé inscrito y, al final del semestre, con tarea... El curso fue buenísimo. Pero escribir trabajos nunca es fácil... Saber que no tenía la obligación y que sin embargo me había comprometido a hacerlo (estando inscrito el compromiso era además oficial) hizo que dejara todo hasta el último minuto. Así, después de un plan de trabajo ambicioso, terminé escribiendo un ensayo cabezón: una introducción inmensa y un desarrollo demasiado pequeño de las ideas que quería discutir. Y así, un prospecto más de investigación que –por lo alejado de mis intereses inmediatos– quedara postergado por mucho tiempo, si no es para siempre.

El asunto es que la angustia me hizo dejar la mayor parte del trabajo para el último momento. Tenía de plazo hasta el viernes en la mañana, así que me senté por fin a escribir... el jueves en la noche. ¿Y qué es lo que mejor acompaña esas noches de insomnio y trabajo? Pues qué más va a ser: las gomitas.

Compré gomitas en forma de cereza, gomitas en forma de tiburón (azules con la panza blanca) y osos. No los originales alemanes, sino unos que hacen por aquí, en una bolsa inmensa. La tensión del trabajo hizo que Tali (también escribía) y yo nos comiéramos casi toda la reserva gelatinosa. Al final, después de no dormir nada de jueves para viernes, quedó media bolsa de osos, que puse en el refrigerador.

Esos osos malditos son adictivos, lo juro. Hoy sábado, todavía con déficit de sueño, recordamos a los sobrevivientes, que yacían junto a un pote de yogur. Tali los sacó de la refrigeradora y nos los comimos todos en un santiamén*.

Pues bueno, eso que dicen los de Cedro tiene algo de razón: las drogas te hacen pasar unos minutos de placer, pero luego te cobran caro. Y esos malditos osos de mierda son una droga. Al rato de haberme atiborrado, me empezó a doler la barriga. Después me dieron náuseas. Finalmente, terminé en el baño, invocando a Hugo y a Juan. Los osos salieron de mi organismo casi tan rápido como había entrado y me dejaron con un mal sabor de boca. Ahora, su sola mención me crispa. Mañana, seguramente, iré por más. No sé qué tiene el oso malo que me hace buscarlo de esta manera enfermiza, pero es lo más cerca que he estado nunca de una adicción. Tengan cuidado: sus vivos colores y su olor artificiosamente frutal son una trampa casi mortal. Unos pocos minutos de solaz no justifican el sufrimiento posterior. Y lo peor de todo es que después van a querer más.

*santiamén. [la palabra es medio idiota, pero me gusta.]

(De las palabras lats. Spiritus Sancti, Amen, con que suelen terminar algunas oraciones de la Iglesia).
en un ~.

1. loc. adv. coloq. En un instante.

(Fuente: DRAE, 22a edición).

4 comments:

ivanthays said...

oye, sabes si se pueden comprar lps ositos acà en Perú?

Nando said...

acabo de fijarme en la página web de wong, y pues sí, clasificados como "abarrotes comestibles", los osos se encuentran en algún anaquel esperando atrapar en sus garras a algún nuevo incauto. S/.5.90 la bolsa de 125 bestias salvajes. has oído de "grizzly man", la película de werner herzog? chancay de a veinte. estos osos son los firmes. bueno, casi. no son haribo (los originales) sino trolli, alemanes también, pero de la competencia. pero son casi casi lo mismo.

Andreea said...

jajaja, nandito got the D!!!! This is what you get for eating your own kind, dear osito!

Jon said...

¿potando *y* cagaleras?

es dieta de paris hilton. a comer más ositos... hala!